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Justicia Ambiental

15 de septiembre de 2016

Compartiendo la Palabra (Lucas 16:1-13)

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Domingo 25 del tiempo ordinario

Décimo octavo después de pentecostés (propio 20)

San Lucas 16:1-13

 

¿Qué piensa Dios del sistema de primeros y últimos, de ganadores y perdedores?¿Qué piensa de los que especulan con ganancias que quitan el pan de la boca de los pobres? ¿Qué piensa de los que sostienen un sistema de acumulación y usura que roba lo que otros necesitan?

Escuchen esto, ustedes, los que pisotean al indigente para hacer desaparecer a los pobres del país. Ustedes dicen: "¿Cuándo pasará el novilunio para que podamos vender el grano, y el sábado, para dar salida al trigo? Disminuiremos la medida, aumentaremos el precio, falsearemos las balanzas para defraudar; compraremos a los débiles con dinero y al indigente por un par de sandalias, y venderemos hasta los desechos del trigo".  El Señor lo ha jurado por el orgullo de Jacob: Jamás olvidaré ninguna de sus acciones…

…La tierra tiembla a causa de todo esto... están de duelo todos sus habitantes...

Pero llegará el día en que:

...Los cantos del palacio se convertirán en gemidos… cambiaré sus fiestas en duelo y todos sus cantos en lamentaciones...[1]

 

Las palabras del profeta Amós no dejan lugar a dudas acerca de lo que piensa Dios.

Es importante tener esto en claro al leer esta parábola en la que Jesús nos cuenta una historia que tiene que ver con la manera de actuar de alguien que vive en el sistema de ganadores y perdedores, en un mundo modelado para que haya primeros y últimos. Es la historia de un hombre que quiere mantenerse en el mundo de los ganadores por cualquier medio a su alcance. Ha sido descubierto en un hecho de corrupción y decide hacer una serie de arreglos poco escrupulosos a fin de poder mantenerse en una posición favorable cuando sea expulsado de su cargo. Esta parábola, a primera vista, es bastante desconcertante, Jesús está usando como ejemplo a un ladrón que no solo logra quedar impune sino que es tan hábil que llega a quedar como un “ganador”.

En la sociedad en que vivimos ¿cuál es la reacción frente a ese tipo acciones? Muchas veces se los reprueba pero, dependiendo del caso, hay algunas ocasiones en las que llega a haber, al menos superficialmente, una especie de admiración hacia el individuo que “supo hacer la suya” y le salió bien. Este tipo de sentimiento puede verse en personas, lamentablemente muchas de ellas jóvenes que, por distintas circunstancias, han llegado a estar descreídos de todo y de todos, incluyendo el descreimiento de los valores que se les han predicado pero sobre los cuales no han visto el ejemplo esperado tanto en la sociedad en general como en el ámbito religioso. Lamentablemente el mismo sistema ha enseñado que, en la práctica, lo malo no es robar sino ser atrapado y también que siempre hay caminos para que los grandes delitos económicos y financieros no sólo queden impunes sino que los bancos que los cometieron reciban finalmente la ayuda de los gobiernos[2] para continuar con el sistema.

¿Qué será lo que Jesús quiere enseñarnos a través de esta historia? Recordemos que las parábolas tienen, generalmente, una sola enseñanza, significado o “moraleja” central. Esto es particularmente así en esta parábola y la razón por la que se nos hace más difícil entenderla es porque, aparentemente, la iglesia primitiva añadió algunas otras moralejas o enseñanzas a partir de la historia narrada. En el texto de San Lucas encontramos por lo menos tres de ellas: 1) que los hijos de este mundo se comportan más astutamente que los que pertenecen a la luz; 2) que es necesario hacer el bien por medio de las riquezas injustas; 3) y que si uno no es fiel en lo poco (es decir en la administración de las riquezas de este mundo) no es posible confiarle lo que realmente tiene valor.

Si elimináramos las dos últimas enseñanzas y continuáramos la lectura en el versículo trece nos quedaríamos con la intención primitiva de la parábola: Un llamado a darnos cuenta de la urgente necesidad de decidir a qué dios vamos a adorar y servir, al Dios verdadero o a Mamón[3]. Los “hijos de este mundo” tienen clara su opción, hacer cuanto esté a su alcance para ser parte de los ganadores, de los primeros, sin importar quién tenga que caer, o a quien tengan que derribar en el camino. El sistema que gobierna el mundo como si fuera un dios ha establecido su propia “(anti) regla de oro”, pensar solo en uno mismo y en la ganancia, para el sistema la ganancia es el fin supremo y “los hijos de este mundo” han aprendido a funcionar de esta manera. Pero el gran problema de muchos cristianos es que no tenemos una opción clara, queremos servir al Dios Verdadero, al Dios de la Vida, pero también ser complacientes con el sistema cuyo dios es Mamón.

El empleado corrupto supo actuar dentro del sistema del mundo, el sistema de ganadores y perdedores. Trató de caer bien parado y es tomado como ejemplo justamente por eso, dentro del esquema mundano (anti-Dios y anti-cristiano) supo aprovechar la oportunidad e hizo la opción adecuada dentro del mundo de los corruptos.Ahora bien, desde el otro lado Jesús nos está llamando a la conversión, a un cambio radical de dirección, esto es a aceptar los valores del Reino de Dios y es fundamental saber qué opciones hacer y cómo actuar en este nuevo modelo del Reino. Lo que no podemos hacer es tratar de dividir la vida en dos, la de la iglesia y la de nuestra existencia cotidiana.

Las enseñanzas que encontramos en los versículos nueve al doce, si bien fueron añadidas a la de la intención original de la parábola, son también muy significativas y haríamos bien en prestarles mucha atención ya quepresentan otras enseñanzas de Jesús que tuvieron una fuerte influencia en la iglesia primitiva. Se nos llama a saber usar sabiamente las riquezas terrenales entendiendo, primero de todo, que no somos dueños sino administradores de cuanto tenemos y debemos usarlo para el bien de la comunidad. Todo don que hemos recibido nos ha sido dado para ser compartido y no para ser usado en forma egoísta pensando sólo en nuestro propio provecho. San Basilio decía: El pan que a ustedes les sobra es el pan del hambriento, el vestido colgado en su armario es el del que está desnudo, los zapatos que no usan son los zapatos del que va descalzo. Las obras de amor que no realizan son otras tantas injusticias que se cometen.

En el texto se dice claramente que el uso que hacemos de lo material demostrará nuestra capacidad como verdaderos servidores en el Reino. Esto es muy fuerte, es como decir que es la primera lección que hay que aprender como ciudadanos del Reino de los Cielos o, quizás, dicho en una forma todavía más fuerte, es la primera decisión con la que nos tenemos que enfrentar cada día.

¿A qué Dios estamos sirviendo?

 

P. Ángel F. Furlan – Iglesia Evangélica Luterana Unida

Buenos Aires, Argentina.

18 de Septiembre de 2016



[1]Cf. Amós 8:4-7

[2]Es la pura y cruel realidad. En toda gran crisis financiera provocada por los negocios ilegales o ilegítimos de los bancos, los gobiernos acuden en auxilio de las instituciones financieras antes que en auxilio de la gente. También es sumamente raro que un banquero termine en la cárcel.

[3]Mamón o Mammón. Nombre usado en el N.T. para designar al “dios” de la avaricia, del dinero o los bienes materiales endiosados que ejercen control sobre las personas y como dice San Pablo son “raíz de todos los males”.

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